Es curioso. Es curiosamente curioso, que siempre me pase lo mismo. Me empeño en ver las cosas bonitas de todo el mundo, y me niego a ver que la gente en general no va a hacer algo para que tú seas feliz. Me niego en admitir que la gente no piense que hay algo más que la felicidad propia, que a veces es mejor que los demás lo sean.
Y siempre quiero a quien no debo querer, y siempre caigo con la misma piedra.
Quererte es tan fácil para mí... que se me hace difícil afrontar que no seré yo a la que beses, que no seré yo a la que le dediques tus sonrisas, que no seré yo la que inunde tus tardes con abrazos y miradas que lo dicen todo.
¿Por qué? ¿Por qué me empeño en tener esa pequeña esperanza que me nubla la vista de mi mente, y lava mi corazón?